Para observarse:
Es básico y muy importante estar consciente ¿desde dónde estamos actuando?
Desde el “niño” (partes infantiles donde surgen los condicionamientos, la reactividad, heridas tempranas, creencias, etc.); desde el “padre”, la voz internalizada que nos exige, limita, prohíbe, nos ordena, que nos dice qué tenemos que hacer, podríamos decir ese diálogo interno limitante en muchas ocasiones que entra en conflicto con el niño, la parte infantil carente; o si estamos actuando desde el “adulto”, la parte que estamos aprendiendo a actualizar, a entrenar, sin negar, sin rechazar las otras dos, sino dándoles espacio, escuchando lo que tienen para decir, siendo conscientes de sus necesidades y sopesando para tener una respuesta más acorde a la madurez del adulto.
Para ello, es importante cultivar la atención plena, el observar la mente, el habilitar y funcionar cada vez más desde el “testigo interno” que se da cuenta de lo que se está moviendo en el interior al interactuar con las personas, en las distintas situaciones de vida.
Todo ello requiere trabajo interno, autoconocimiento, cambio en el sistema de creencias, sanación de heridas infantiles, reducir la reactividad y aprender a responder, mejorar la comunicación hacia maneras asertivas y empáticas. Un proceso que se extiende a toda una vida, donde cada vez es más fácil actuar desde el adulto y desde un lugar de mayor sabiduría; actualizándose y expresándose el potencial que somos en Esencia.
Juana María Martínez Camacho

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