¿Conocemos nuestro diálogo interno? ¿Sabemos cómo funcionamos?

 

Es de vital importancia lo que nos decimos a nosotros mismos ante una situación que estamos experimentando. El dialogo interior está basado sobre el sistema de creencias, muchas de ellas inconscientes y afecta nuestro mundo emocional más de lo que nos imaginamos, pero también nuestros estados emocionales,  creencias, etc.,  afectan nuestro diálogo interno.

Se ha descubierto que,  cuando nuestro dialogo interno es nocivo, llega hasta el punto de “matar neuronas en ciertos centros cerebrales, como los hipocampos.  (Dr. Mario Alonso Puig)

La facultad de Medicina de la Universidad de Harvard ha demostrado que entre el 60% y el 90% de las consultas a médicos generales en occidente tienen relación con determinadas emociones aflictivas que se prolongan en el tiempo.

Es muy importante ser conscientes de que es lo que nos decimos ante las situaciones que vivimos, pues de esa interpretación, depende la calidad de nuestras experiencias, y es que según lo que nos digamos movemos estados emocionales que tienen que ver con sustancias químicas en el organismo, no es lo mismo sentirnos furiosos, que sentirnos contentos.

El dialogo interno, puede cambiar nuestro estado anímico en segundos.

«No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede» Epícteto

Aprender a  escuchar  a esa voz interna, a ser conscientes de ella, nos ayuda a mejorar nuestra automotivación y a regular el mundo emocional, ya que contrario a lo que solemos creer, somos responsables de nuestro mundo emocional, de lo que sentimos.

Gran parte de la vida, solemos culpar al afuera por cómo nos sentimos y nos justificamos, estoy triste porque tal persona no me hizo caso, o estoy furioso pues mi pareja no me escucha, o estoy frustrado porque el país está en crisis…etc. Y es que sin negar la situación exterior, la verdad es que lo que yo interpreto, yo que yo me digo de lo que está ocurriendo tiene mucho que ver con mi estado, con lo que siento. El otro puede actuar a su manera, pero en mi interior   yo decido si me afecta o no, y si me afecta, toca revisar que patrones, maneras de funcionar se activan en  mí que hacen que la situación me afecte y poder revisar sistema de creencias que ya no me apoyan a crear una vida saludable.

Así, al ir tomando conciencia de que somos responsables de nosotros mismos, nos damos cuenta que:

“nadie nos puede herir sin nuestro consentimiento”.

Conviene cuando nos decimos algo que nos hace sentir mal, confrontar la creencia, por ej. Si me sorprendo diciendo que soy torpe, preguntarme: ¿realmente es así, soy torpe?, ¿es del todo real lo que me digo?, ¿es así en todo momento? O ¿es que me comporte torpemente?, ¿habrá situaciones donde no me comporte torpemente?....entonces la creencia pierde fuerza.

Para poder detectar como nos hablamos a nosotros mismos, qué nos decimos,  si ese dialogo es tóxico, y aprender a hablarnos de otra manera más saludable:

·    hemos de entrenar la mente a estar presente, aprender a observar sin juicio los pensamientos, adoptando una actitud meditativa, para sorprendernos cuando nos estamos hablando mal. 

·    Soltar la atención de los pensamientos (dejarlos pasar como si fueran nueves en el cielo) y dirigirla a las sensaciones corporales. ¿Qué estoy notando en el cuerpo? ¿Qué sensaciones físicas noto: tensión en la mandíbula, en el cuello, puños apretados, hormigueos, calor, opresión en el pecho, nudo en el estómago, etc.?

·   preguntarnos que estoy sintiendo, ponerle un nombre a la emoción o sentimiento: enojo, rabia, tristeza, angustia, ansiedad…) al ponerle nombre, al etiquetar la emoción, o sentimiento, se activan áreas del cerebro que nos ayudan a ser más resolutivos.

 Hay un estudio   científico (universidad de California) que demuestra  que cuando nombramos una  emoción  la corteza prefrontal fabrica péptidos que inhiben la amígdala sobre-activada.

 

Desarrollando la Inteligencia Emocional, podemos equilibrar y armonizar la parte emocional y racional del cerebro.

 

Al observar  cual es el dialogo interno que nos lleva a sentirnos así,  nos daremos cuenta que solemos decirnos cosas como: todo lo hago mal, siempre me pasa lo mismo, no cambio más, que estúpido soy, etc. 

Luego de haber tomado conciencia de lo que me digo, podre ver como distorsiono los hechos bajo los efectos de la emoción y de las creencias, se trata de confrontar las creencias, para verificar si son realmente ciertas.

 

·         Y me planteare como puedo aprender a hablarme, o que decirme a mí mismo ante esa situación que me haga sentir mejor.

 

·         Haciendo esto, puedo volver a observar mis pensamientos y emociones y notar el cambio.

 

·         Noto que sensaciones físicas aparecen al cambiar el dialogo interno tóxico por un dialogo más amable y  que me hace sentir mejor.

 

       ·         Y por último mirare que acción tomar, cual es el primer paso a dar para 

          poder cambiar la situación  que no me gusta, pues al tomar acción   

         desaparece la sensación de inmovilidad que nos genera la preocupación por

         algo.

 

 

  La dificultad es que son muchos años de condicionamiento, de repetir maneras de funcionar con patrones instalados en nuestras redes neuronales que movilizan estados emocionales a los que nos tornamos adictos (como dice Candace Pert). Sin embargo, según las investigaciones de las neurociencias, el cerebro es plástico y podemos cambiar...

   Se requiere entrenamiento y paciencia para funcionar de una manera mas saludable...aprender a conocer lo que funciona en uno y a sanar lo que esta irresuelto, principalmente en los estadios tempranos de la niñez, que es donde grabamos nuestras creencias, nuestra manera de ver el mundo, nuestros primeras heridas, que nos condicionan luego de adultos, hasta tanto las hagamos conscientes y las sanemos, aprendiendo a cubrir sanamente nuestras necesidades y a hacernos cargo de nosotros mismos....  

 

 

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