La ley de Polaridad- los dos hemisferios cerebrales

Conócete a Ti mismo y conocerás el Universo. Oráculo de Delfos

 

¿Te has preguntado alguna vez por qué la mayoría de las parejas expresan características psicológicas opuestas? Es decir, si uno se muestra introvertido y reservado, racional o incluso algo tímido, la otra se mostrará extrovertida, con sentido del humor, afectiva y más imaginativa. Se dice que en una amplia etapa de la vida no “admiramos” aquellas cualidades que ya poseemos, y, por el contrario, nos sentimos atraídos hacia personas que poseen características psicológicas que no son precisamente nuestro fuerte.

 

¿Te has percatado de que dicha ley de los opuestos se suele manifestar también entre hermanos? La observación nos dice que, en general, los dos primeros hermanos tienden a adoptar roles de tendencias bastante opuestas.

¿Crees que en tu caso se da también esta curiosa diferencia?, ¿y en el de gente que conoces?

 

¿Has observado que cuando dos socios desarrollan con buen entendimiento el mundo de su trabajo, también se manifiesta la Ley de Polaridad, en la que hace su presencia la complementariedad en varios niveles?

 

La ley de la Polaridad postula que lo manifestado se expresa en dos polos, una ley que tiene su correlato en la especialización de funciones que desempeñan los dos hemisferios cerebrales que posee el “homo sapiens”. Esta polaridad desencadena curiosas conductas y preferencias cotidianas que merece la pena conocer por las extraordinarias posibilidades de incrementar la eficacia y el equilibrio de nuestras vidas.

 

Veamos: la parte superior del cerebro humano está dividida en dos grandes hemisferios, a los que la ciencia atribuye la realización de tareas distintas, especializadas y complementarias. Cada hemisferio no sólo determina inclinaciones y tendencias vocacionales, sino que también opera con modos de ver y experimentar la realidad de la vida en toda su extensión.

 

A nivel fisiológico, el hemisferio cerebral izquierdo puede decirse que “controla” paradójicamente el lado derecho del cuerpo, mientras que el hemisferio cerebral derecho lo hace con la parte izquierda del mismo. Ambos conforman una equis (X) de influencia, que va desde la frente hacia cada lado opuesto, ejerciendo áreas de control diferenciadas. Por ejemplo, la mano izquierda está “regida” por el hemisferio cerebral derecho, y, sin embargo, la mano derecha está regida por el hemisferio cerebral izquierdo.

 

A nivel mental, el hemisferio cerebral izquierdo, también llamado masculino (activo en hombres y mujeres indistintamente) está relacionado con el razonamiento intelectual, el lenguaje hablado y escrito, la capacidad matemática, la lectura, el análisis científico, la tecnología, la racionalidad y la actividad puramente lógica, entre otras cosas.

 

Contrariamente, el hemisferio cerebral derecho, también llamado femenino (activo en hombres y mujeres indistintamente) está relacionado con la intuición, la afectividad, la naturaleza, la emotividad y el sentimiento, la imaginación, la sensibilidad artística, la creatividad, la visión global y cualquier tipo de la llamada videncia o conexión extra-sensorial, entre otras cosas.

 

Algunas corrientes sociológicas, realizando una lúcida metáfora, afirman que la sociedad occidental de este planeta a lo largo de la Historia, ha puesto mayor énfasis en el desarrollo del hemisferio izquierdo, por su predisposición a la deducción lógica y el análisis científico. Mientras que la sociedad oriental tuvo mayor tendencia a poner su acento en formas de contemplación pasiva, y un enfoque de la realidad con mayor presencia de la percepción intuitiva y simbólica.

La conciencia de la persona actual del siglo XXI tiene dimensiones integradoras. Cada día, alcanzamos una mayor capacidad para activar y desenvolvernos en los dos modos de manera equilibrada. En este sentido, apunta la metáfora que toda ave necesita las dos alas, plenamente desarrolladas, para volar. Si ésta tuviese un ala más corta que otra, a pesar suyo, daría vueltas en círculo.

 

El mencionado ejemplo de las dos alas, hace referencia al objetivo integrador del actual ser humano, que cuando se auto-descubre desbalanceado, enfoca su formación hacia el desarrollo del ala menos desarrollada. En esta situación se encuentran, muchos profesionales que se ven inmersos en un paradigma de rigidez racionalista y exclusivamente prosaica, que tratan de “balancear” la actividad de los dos modos de acción descritos, participando en cursos destinados a una mayor utilización de la creatividad y la intuición. Para ello se ejercitan en el aprendizaje de técnicas de relajación y meditación, localizados en el hemisferio cerebral derecho.

Por el contrario, aquellas personas que desempeñan profesiones artísticas tales como la música, la pintura, la danza..., tratan, asimismo, de equilibrar los acentos de su espontánea e intuitiva actividad con el rigor y la estructura de un buen desarrollo lógico y racional, a través de la práctica informática y la lectura.

 

IZQUIERDO                            DERECHO

 Noche                                        Dia   

 Tiempo                                      Espacio                                    

Palabra                                       Imagen

Consciente                                 Inconsciente

Cabeza                                       Corazón

Local                                          Global

Ciencia                                       Arte

Control                                       Fluidez

Competitividad                         Cooperación

Rigor                                          Benevolencia

Concreto                                    Ambiguo

Racional                                    Piadoso

Coagula                                     Disuelve

Velocidad                                  Resistencia

Masculino                                 Femenino

Lógico                                       Analógico

 

En estos días de cambio mundial que casi puede denominarse “mutación”, asistimos a un proceso psíquico de integración y síntesis de los dos mencionados polos. Y se da la circunstancia de que el varón que desde hace milenios había ejercido un rol patriarcal muy masculino, es decir, activo, proyectado hacia el exterior, con predominio del pensamiento sobre el sentimiento, gestor y representante de la ciudadanía pública, incorpora a formidables velocidades el modo femenino, a través del cual también se torna capaz de expresar su afectividad y de ejercer actividades “en el interior”, tanto emocionales como del hogar, apoyando en labores domésticas y manifestando una ternura y entrega que no desdeña los aspectos subjetivos, simbólicos, poéticos y místicos de la experiencia del vivir.

 

Esto mismo también sucede en la mujer que, sin dejar el femenino sustancial de su conexión profunda (por lo menos en las etapas más realizadas), incorpora el masculino profesional y social, tomando decisiones, concretando ideas, estableciendo objetivos, determinando posicionamientos, y resolviendo y compitiendo en mercados de trabajo en donde su “masculino” debe aflorar para su autorrealización completa.

 

El mencionado paso al androginato, tiene fundamentalmente que ver con el plano psíquico, ya que en el mundo del cuerpo físico existe el sexo diferenciado, con predominios hormonales y conductas sexuales diferenciadas.

La conciencia integral de opuestos y la capacidad de ejercer la diversidad de  roles, no sólo conlleva uno de los cambios energéticos más formidables de la raza humana, sino que también simboliza una Era de Integración como la actual, y un pensamiento incluyente que ensancha fronteras y nos acerca a la completitud de los potenciales humanos.

 

 La famosa media naranja incompleta que reflejaba predominios de rol, excesivamente diferenciados, “necesitaba” para su supervivencia de la otra mitad. En la actualidad este paradigma de la complementariedad se está más bien convirtiendo en una asociación empática y sinérgica de dos o más naranjas enteras, que se encuentran unidas para crecer y evolucionar, como espejos de mutuo equilibrio y retroalimentación en las correspondientes escalas de armonía.

 

El amor cooperativo implica a dos individuos independientes, completos y afines que eligen vivir la vida unidos y superar sus diferencias.  Jane G. Golderbg

 

El ser humano que habita estos tiempos de vertiginoso cambio, aunque se siente perturbado por las fuerzas emergentes de una expansión de conciencia, asiste como protagonista de excepción al salto evolutivo que lo va a convertir en un nuevo ente. Un nuevo ente, tan racional como intuitivo, tan lógico como sensible, tan libre como disciplinado, tan firme como flexible, tan intelectual como creativo, tan lógico como afectivo... Esta especie humana tan novedosa que asoma en la vanguardia evolutiva, constituye la nueva raza de hombres y mujeres, cuyos potenciales mentales de corte integrador tienden a dejar atrás los roles lateralizados y los modos de vida codependientes, heredados de los que nos han precedido.

 

De la misma manera, y en los albores del nuevo milenio, se están produciendo las uniones entre los dos “hemisferios planetarios” el Occidental (analógicamente izquierdo) y el Oriental (analógicamente derecho) a través de la influencia intercultural de ambas civilizaciones y aspectos raciales. Este nuevo mestizaje que se expresa a través de la comunicación vía satélite, de una economía globalizada e interdependiente, del amor entre personas de distinta raza, de congresos culturales y asociaciones multinacionales, están creando un efecto sinérgico en los entes colectivos, similar al mencionado efecto que se da en los individuos  por influencias de pareja o sociedad.

 

Conviene tener en cuenta que el acto supremo de crear (faceta, de alto nivel de desarrollo) se produce en la mente, de la misma manera que se da en el plano físico. Es decir, combinando e integrando los polos masculino y femenino, y dando lugar al hijo, obra “creativa” por excelencia. De la misma manera, una actitud creativa, una inspiración constante, la disposición de recursos geniales que expresan el potencial cósmico de creación permanente, tan sólo se da cuando el hemisferio izquierdo masculino y el hemisferio derecho femenino bailan la danza sagrada de la unión en sus múltiples juegos y alternancias polares.

 

Cuando el corazón piensa y la mente ama Fluye el río de la sabiduría

 

En esta vida que vivimos, hasta la luz de una bombilla se enciende por la interacción de los polos positivo y negativo. ¿Por qué no tener en cuenta la llamada “otredad”?. Para muchos seres, “lo otro, o lo contrario” puede suponer la aceptación paulatina de su sombra (parte inconsciente en donde se sumergen los aspectos personales no aceptados) y el ensanchamiento progresivo de las fronteras de la propia conciencia de identidad, que si bien en un principio no llega más allá de la propia piel, con el desarrollo continuado de la evolución irreversible, ¿llegaremos a SER la totalidad del Universo, también denominada Supraconciencia o Conciencia de Unidad?

 

El estado transpersonal de Unidad Supraconsciente al que aspira el hombre, tan abundantemente expresado por los seres lúcidos, pasa por el desarrollo de la Conciencia Testigo o activación del propio “Observador”. Un tercer punto de vista, representado por una denominable Identidad Suprema (el Ser) que se habrá colocado en el extremo superior del péndulo de nuestra conciencia. Desde allí, además de observar y testificar, permanecemos más allá de los efectos del vaivén y la alternancia de la naturaleza inferior o personalidad.

 

La mente tan sólo puede ser conocida por aquello que está tras ella. Nisargadatta.

 

     (Este material pertenece al Programa de Educación de las Emociones)

 

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 0